Zazil Collins y el problema de la ilegalidad estatal en la literatura mexicana

¿Cuál es tu postura respecto al copyright como escritora y por qué decidiste compartir tu trabajo para que se pudiera leer/descargar en línea?

Prefiero que estén al alcance de cualquiera, en cualquier momento, que arrumbados en una bodega; opté también por digitalizar mis libros y venderlos en línea, a sabiendas del escaso porcentaje de ventas, porque en México el derecho de autor no es respetado tampoco; a diferencia de otras legislaciones a nivel global, en México las regalías por uso o venta de una propiedad intelectual no son pagadas. Hay gremios que han peleado por ello, claro, como los compositores, pero las editoriales y los autores literarios hemos, de cierta forma, «cedido» la pugna porque legislativamente estamos desprotegidos por el Estado, intelectual y socialmente.

«Los mejores versos se pierden al aire» es una línea de mi poema Sipofene (La tinta del silencio, 2016), en la que concluyo que, para mí, la creación (mi trabajo literario) responde al Instante. Lucho con el cometido de aprehenderlo, de tomar esos momentos en el tiempo justo, pero encontrar el hallazgo no siempre se logra, pese a la voluntad; partiendo de ahí, soy consciente de que el desprendimiento es parte inherente de los procesos creativos, por ende considero que la creación es un acto de entrega, y en un sentido todavía más profundo, un acto de colectivización, de ahí que decidiera subir a la red todos mis libros de poesía. Esto responde también a la escasa difusión que la literatura, y más los libros de poesía, convocan.

Y sobre el concepto de Creative Commons, ¿le ves deficiencias y dificultades para que se utilice esta modalidad en la difusión de la literatura?

Siempre y cuando los usuarios den crédito a los autores, es eficaz para nuestros trabajos. Me gustaría que existiera ese marco legal para que el trabajo de los autores sea reconocido de forma retributiva también, pero como ya he mencionado, en México, la propia institución encargada de la recaudación de impuestos, es incapaz de asegurar que los impuestos de los que como autores estamos por ley eximidos nos sean respetados. Uno de mis libros es una publicación de Conaculta y el Instituto Sudcaliforniano de Cultura, por principio, ese libro debería ser de acceso público, de forma obligatoria; pero como dichas instituciones no preservan o incentivan esto, al caducar los años de sus derechos sobre la obra, tras ser un libro premiado, lo subí a la red para su lectura libre. Faltaba más.

¿Cuál sería tu apuesta respecto a la difusión del trabajo literario (escribir) pensando en que como trabajo profesional está precarizado pero entendiendo, de entenderse así, que la producción de conocimiento y artística no debe de responder a la lógica del mercado?

Mi apuesta es luchar porque el trabajo escritural sea respetado como un trabajo legal; no sólo es un trabajo precarizado, es un trabajo violentado. Legalmente, en México, los autores, por poner un ejemplo, no debemos pagar el impuesto del I.V.A., sin embargo, ninguna empresa, incluyendo empresas editoriales y las propias instituciones gubernamentales, lo respeta; fuera de esto, autores y artistas, en general, no contamos con ningún tipo de seguridad social por nuestro trabajo, incluso si es público (editado, premiado por una institutición cultural gubernamental). Aquí hay un problema no sólo teórico sino de ilegalidad estatal, fuera de los términos de la lógica del mercado que mencionas. Y no hablo, hasta ahora, de ningún subsidio, sino de obligaciones que un trabajo debe cubrir por parte de un empleador, exhibiendo las condiciones de un contrato frente al Estado. Ahora, si hablamos de lógica de mercado, entendiendo por ello, empresas privadas, además de los financiamientos públicos no estatales, mi apuesta va también a la inclusión de espacios no tradicionales para la difusión literaria: radio, televisión, música, teatros, parques, espacios públicos en general.

¿Qué necesitamos? ¿Necesitamos leyes que regulen los derechos laborales de escritoras y escritores, necesitamos un cambio de paradigma respecto a cómo se concibe la literatura y su difusión?

La ley, en general, lo regula, pero no es respetada. Necesitamos instituciones y funcionarios que formulen leyes que penalicen a quienes no respetan la ley. Necesitamos también que la sociedad comprenda la función de un creador y respete su trabajo; mientras una sociedad no genere un marco conceptual donde los creadores -sus obras- sean un eje cultural, social y económico, además de un plus moral, como a muchos les gusta creer, nuestro trabajo seguirá siendo igual de precario. Yo preguntaría por qué, en mi caso, una escritora/escritor no es valorizado como un actor que narra su cotidianidad: sus inquietudes, sus miedos, sus dudas, sus anhelos. Esto responde también al desapego que le tenemos a nuestras historias emocionales y afectos. La ideología del éxito que tenemos introyectada ha bloqueado esa conexión-reconocimiento con nuestra emotividad.

La literatura no responde a una lógica; mucho menos la poesía. La poesía cuestiona todo el tiempo, esa es su función: incidir en aquello que no es comprensible, y está frente a nosotros. Los poetas hemos aceptado que nuestra vida es tratar de aprehender ese instante, tratar de compartir quiénes somos, con todas las contradiciones que representamos. Para mí, es la forma más pura del amor, porque sabemos que la felicidad es una lucha -o muchas luchas-, pero queremos que todos resistan con nosotros, y creen en la belleza que una colectividad -un bien común- puede construir. Quisiera transmitirlo en cada palabra que medito al escribir un poema.

¿Cuál sería tu postura como escritora/editora respecto a la forma en que actualmente se vive (corporal e intelectualmente) la literatura escrita de manera independiente?

Mi postura es, más que nunca, que la libertad de expresión, el disenso y el cuestionamiento deben ser ejes. Cuando ética y libertad son -o intentan ser- manipuladas nuestro trabajo es corrompido. Cuando comenzamos a autocensurarnos, por cualquier tipo de miedo, contribuimos a la homogenización que todo sistema capitalista e ideológico busca imponer. Como poeta y editora, busco proyectar la voz que me ha sido silenciada históricamente sólo por el hecho de ser mujer, y las voces de quienes no tienen históricamente un espacio, al menos en la sociedad donde radico.


Zazil Alaíde Collins (México, 1984) Es autora de los libros de poesía Junkie de nada (Lenguaraz, 2009), No todas las islas (Conaculta-Instituto Sudcaliforniano de Cultura, 2012), Premio Estatal de Poesía Ciudad de La Paz (Baja California Sur), El corazón, tan cerca de la boca (Abismos-Mantarraya, 2014) y Sipofene (La tinta del silencio, 2016); premio Poesía en Voz Alta 2017 (Literatura UNAM). Parte de su obra ha sido traducida al inglés y al árabe, y seleccionada para Descarga Cultura UNAM, los paréntesis poéticos de Central Once (Once TV-IPN), así como la Antología general de la poesía mexicana: De la segunda mitad del siglo XX a nuestros días (Océano, 2014). Actualmente, es radio DJ y coedita el proyecto bilingüe Músicos en la Ciudad de México, junto al músico Todd Clouser. The Ofi Press publicará próximamente Pink: Dance Poems, su más reciente libro.
Web: http://zazilcollins.com


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